La norma laboral de la crisis propaga en las relaciones laborales un desequilibrio radical entre la libertad de empresa y el derecho al trabajo, de manera que el contenido laboral de este último queda en gran medida anulado.
El hecho de que ahora a los mercados internacionales se les presente la reforma laboral como una medida expansiva, que sirve como contrapeso a las medidas contractivas basadas en los recortes presupuestarios, es un mero movimiento propagandístico.
Una reforma clasista que modifica de forma profunda normas básicas del ordenamiento laboral y impone la confiscación violenta de espacios decisivos de poder contractual colectivo.
La pugna entre democracia y “mercados” se está decantando a favor de estos últimos.Una situación en la que no solo se están cercenando derechos sociales sino que también se están sacrificando las formas democráticas.